PERFIL: Un pediatra “machete, 20 puntos”

Marco Tulio Torres Vera Posando Junto a su Familia

jueves 25 de octubre de 2012 09:10 AM

Su cabeza cubierta de brillantes canas y unos ojos caídos, pero que destellan el mismo brillo, no solo denotan la edad de Marcos Tulio Torres Vera, también delatan la experiencia y la trayectoria que lo han hecho ser reconocido como “el mejor pediatra- perinatólogo de Maracaibo, del Zulia, de occidente, tal vez de Venezuela”, según sus propios exalumnos y ahora colegas.

De sus 83 años de vida, 56 entregó este saladillero “de pura cepa” —como él mismo se reconoce— a la medicina pediátrica y la perinatología. De esos 56 años, 48 dedicó a impartir su enseñanza en las aulas de pregrado y posgrado de la Universidad del Zulia, hasta el 2003, cuando se jubiló “en contra de su voluntad” y desde donde es recordado por su particular manera de confirmar a sus alumnos una respuesta acertada: “Machete, 20 puntos”, frase con la que también lo rememoran los padres a los que les evaluaba a sus niños, al diagnosticar un buen estado de salud en los pequeños.

Formó a más de 300 pediatras en la insigne Alma Máter, de los que 95% de ellos siguió sus pasos en la docencia. Una cantidad mucho mayor —que escapa de su memoria— fueron los niños que recibió en las salas de parto, a los que sanó, vigiló la salud, y vio crecer en sus consultorios del Hospital de Niños de Maracaibo, del Hospital Quirúrgico Materno Infantil Maternidad Dr. Armando Castillo Plaza, del ambulatorio Centro Sur, en el sector Las Veritas, adscrito al Instituto Venezolanos de los Seguros Sociales y, por último, en su clínica privada, en la avenida La Limpia, hasta el año pasado.

Hoy, cuando se le vienen a la mente esos momentos, llora, pues el 26 de octubre de 2011 sufrió un accidente cerebro vascular leve que le afectó parcialmente la memoria, aunque no las ganas de seguir brindando sus conocimientos y de seguir sanando a cuanto niño pongan en sus manos. Sin embargo, “por preservar la salud y no cometer algún error al medicar ya no es posible”, lamenta con una profunda tristeza en sus ojos.

Su amor por los niños y su decisión de “hacerle el bien a la humanidad contribuyendo con la buena salud de los pequeños desde el momento que nacen” hicieron a este saladillero —nacido el 28 de mayo de 1929— graduarse de médico cirujano en la Universidad del Zulia, en 1955. Recuerda con humildad: “Era una época hermosa y estudiar era mi gran pasión, aunque lo logré con mucho sacrificio, era muy pobre, hijo de un obrero y una ama de casa”, recuerda con humildad.

Su perseverancia lo llevó a obtener el título de doctor en Ciencias Médicas, el 16 de junio de 1965, también en LUZ, para luego especializarse como médico pediatra y perinatólogo, en el Hospital de Niños de Maracaibo, donde desempeñó su primer cargo de médico residente para luego ser doctor adjunto, desde 1955 a 1974. Al mismo tiempo se desempeñaba como médico jefe de residentes, pediatra del servicio de cirugía y adjunto del servicio de neonatología del “Materno Infantil” (1959-1964) y médico pediatra consultante del Seguro Social, hasta 1985.

“Los consultorios se le abarrotaban de pacientes. Era una odisea asistir a una consulta con él, pero valía la pena la espera, el madrugonazo, y casi irse de mudanza con el muchacho a pernoctar en los pasillos de su consultorio. Atendió a mis hijos y también a mis nietos. Su bondad siempre me inspiró confianza y su paciencia para explicarle a los padres los cuidados del niño y disipar las dudas y temores era extraordinaria”, cuenta Marta Suárez, quien lo conoció al llevarle a su segunda hija con un cuadro de deshidratación por diarrea, hace 29 años y acudía a sus consultas privada “hasta no hace mucho” con sus nietos.

Para Torres, hablar de su presencia en las salas de parto para evaluar a los pequeños recién nacidos, así como sus consultas pasadas, en medio de la algarabía, el llanto y la sonrisa de los niños, implica que la nostalgia se asome en su rostro, en su voz. En especial cuando recuerda anécdotas como su participación en la llegada al mundo de los quíntuples Prieto Cuervo, a ocho años de haberse graduado. Era el primer parto de quíntuples en Venezuela, el tercero en el mundo y, a su vez, el primero de varones que sobrevivía gracias a la gran hazaña de su madre; Inés Cuervo, y del equipo médico que la acompañaba en el evento.

“Fue uno de los orgullos más grandes de mi vida. Un verdadero honor que le hayan asignado esa experiencia a este humilde servidor”, suelta el doctor Torres, pegadito a quien considera su “novia eterna”, Carmen Espina, la mujer con quien se casó el 1 de noviembre de 1955 y con la que procreó a sus seis hijos, cinco varones y una hembra.

A casi 57 años de casados, el doctor Torres observa a Carmen con una mirada sublime, a la que ella responde de igual manera y con una tímida sonrisa en su rostro sonrojado al escucharlo decir: “Esa muñecota que ves ahí ha estado conmigo en todo momento y me dio lo más hermoso que tengo, mis hijos. ¿Qué más le puedo pedir?”. Para Carmen, su esposo ha sido un pilar fundamental en su vida. “Ha sido un excelente hombre, un magnífico compañero y un extraordinario papá. Ha sido una bendición para mí tenerlo”, asegura la también saladillera, quien era su vecina cercana y a quien “perseguía él desde niña”, según relata ella entre risas.

Los dones de “extraordinario papá” que atribuye Carmen a Torres los confirma su hijo, Marcos Torres Espina, quien también es pediatra-perinatólogo y docente de pregrado y posgrado en medicina. “Siempre ha sido un padre cariñoso, dispuesto a acompañarnos en nuestras metas, en nuestros triunfos y caídas, que nos dedicaba tiempo, en nuestras distracciones, como el deporte, por ejemplo”, dice Torres Espina mientras observa a su padre.

Ser el hijo de Marcos Torres Vera le ha resultado una gran responsabilidad, “desde chiquito”, dice el mayor de los Torres Espina y sonríe.
“Fue un papá muy correcto y exigente con nuestros estudios. En la universidad, como era además mi profesor, era una presión increíbe. En la mañana daba la clase en el aula y cuando veníamos a la casa a almorzar me preguntaba qué había entendido de la clase, me hacía el examen de una vez pues”, dice y se carcajea Torres Espina, al tiempo que agrega que la comparación que su padre también ha sido otra situación con la que ha aprendido a ejercer y a manejar. “La gente dice: ‘¡Ah! Si es hijo de Marcos Torres Vera es bueno’, y eso hace que crezca la responsabilidad en uno. Sin embargo, dejé de pensar en eso y mantengo la premisa de que él es él y yo soy yo”, cuenta quien siguiera, exactamente los pasos de su padre en la pediatría y la docencia, ya con 29 años de ejercicio profesional.

Así como vio formarse en las aulas de de la Facultad de Medicina a su hijo mayor, Torres Vera también acompañó a otros dos de sus seis hijos graduarse de médicos: Mario y Mauri, anestesiólogo y ginecobstetra, respectivamente. Esto le permitió hacer tres venias en los actos solemnes de grado en la Universidad del Zulia, para luego sumarles otras seis venias por los nietos también graduados en la misma carrera. “Es una emoción inmensa. Uno siente que aquel auditorio se viene abajo con los aplausos cuando se hace una venia con mi abuelo”, asegura con orgullo Mervin Torres, médico cirujano, estudiante del posgrado de traumatología y nieto de Torres Vera.

Y no es para menos su orgullo. Su abuelo ha sido reconocido también por su trayectoria docente como profesor titular y jefe de la cátedra; además de director de la residencia universitaria de posgrado en la Unidad Docente Asistencial Hospital de Niños de Maracaibo, profesor de los cursos de Salud Pública de la Facultad de Medicina, docente de los cursos de reválidas de Clínicas Pediátricas, del curso de Perinatología (mención Neonatología) de la Maternidad Concepción Palacios, en Caracas. También ha tenido la batuta de 146 trabajos de investigación científica y ha sido conferencista regional, nacional e internacional, oportunidades que no desaprovecha para mostrar en las imágenes que proyecta a La Chinita, la Basílica y El Saladillo..

“Además de ser un excelente amigo, un hermano, fue un docente insigne, extraordinario, humanitario, humilde. Un profesor completo”, destaca sobre Torres Vera, el doctor Alí Torres, su exalumno y amigo.

Eso lo confirman más de 150 placas de reconocimiento estampadas en las paredes de la amplia sala de su casa, en la que además conserva las fotografías de sus hijos en los actos de graduación, de sus profesores y de él mismo durante la entrega de diversos reconocimientos por parte de la universidad, así como de las diversas sociedades a las que pertenece como miembro honorario. “En esta me estaban entregando la Orden al Mérito Universitario Dr. Francisco Ochoa en su única clase”, señala, apoyado y con ayuda de su esposa, Torres Vera mientras muestra las imágenes que comprueban que ha recibido el mérito de Dr. Honoris Causa, en dos oportunidades, en la máxima casa de estudios de la entidad zuliana.

Hoy, todo su conocimiento queda como legado a los cientos de profesionales que preparó en aquellas aulas de clases, en las que con su experiencia deleitaba a sus alumnos con las discusiones de casos. También a su familia, a quienes ha enseñado “a dar lo mejor de sí y a no pasar por encima de nadie para lograr los objetivos; a estudiar porque ésa es la principal herramienta para contribuir a la sociedad y a ser accesibles ante la gente, ante quienes más lo necesitan”.