Otra miss mexicana vinculada al narco murió como escudo humano

La joven que murió en un enfrentamiento entre pistoleros y soldados en Sinaloa, noroeste de México, utilizada como escudo humano se convirtió en una más de las reinas de belleza que han muerto por haber sucumbido al poder y al dinero de los narcos.

María Susana Flores Gámez, de 22 años, Señorita Sinaloa 2012 y ganadora del premio Turismo Oriental Internacional en China en mayo del año pasado, fue abatida en un enfrentamiento el sábado entre militares y una célula de sicarios en la que presuntamente participaba su novio.

De acuerdo con el parte militar entregado a la Fiscalía estatal, Flores bajó con un arma en las manos del automóvil en el que viajaba con un grupo de pistoleros en un camino rural de Sinaloa, una entidad mexicana con fuerte presencia del narcotráfico.

El reporte “no dice si disparó, nada más que la usaron como una especie de escudo humano”, dijo a la AFP un funcionario de la Fiscalía que pidió el anonimato.

La prueba de radizonato que se le practicó al cuerpo para determinar si había disparado un arma de fuego resultó positiva, según Marco Antonio Higuera Gómez, procurador de Justicia de Sinaloa, quien dijo el lunes que cerca del cadáver se encontró un rifle tipo AK-47.

Flores “estaba dentro del grupo delictivo que se enfrentó con elementos del Ejército”, dijo Higuera Gómez.

Familiares y amigos acudieron el domingo a su funeral en Culiacán, capital de Sinaloa, rodeados de militares.

En su página de Facebook, los organizadores del concurso Nuestra Belleza Sinaloa expresaron sus “profundas condolencias” por la muerte de Flores, “una joven hermosa, alegre y con un gran futuro por delante”.

El grupo de sicarios está vinculado a Orso Ivan Gastelum, presunto líder de una célula que trabaja para el poderoso Cártel de Sinaloa, cuyo máximo jefe es Joaquín “Chapo” Guzmán.

El capo se casó en 2007 con Emma Coronel Aispuro, de 18 años y reina de la Feria del Café y la Guayaba, en Las Canelas, una comunidad serrana de Sinaloa, con quien tuvo gemelos en septiembre de 2011 que nacieron en un hospital de Los Angeles, California.

La relación entre reinas de belleza y narcotraficantes no es nueva en algunas zonas de México, donde el narco ha construido una cultura propia, con códigos que incluyen música, moda y hasta sus imágenes religiosas.

Los narcotraficantes “siempre se quieren hacer acompañar por mujeres hermosas” y las transforman a su gusto con onerosas cirugías plásticas, dijo de su lado a la AFP Elmer Mendoza, autor de varias novelas que retratan el mundo de los narcotraficantes.

Una de las primeras reinas de belleza que se involucró en los negocios de su marido fue Dolores Camarena, reina de belleza de Chihuahua (norte) en 1980 y quien en 1986 fue juzgada y declarada culpable por varios delitos relacionados con lavado de dinero en El Paso, Texas, donde permaneció presa por cinco años.

“La belleza es un poder. Uno de los grandes poderes en la historia de la humanidad, en todas las sociedades, y ese poder ha sido terreno de disputa de hombres de poder económico y militar”, señaló Arturo Santamaría, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), y autor del libro “El culto a las reinas de Sinaloa y el poder de la belleza”.

Francisco Arellano Félix, miembro de la familia que fundó el cártel Tijuana, raptó en 1990 a Carmen Lizárraga Lizárraga, reina del Carnaval Internacional de Mazatlán.

Ella estaba comprometida con otro hombre y tiempo después del rapto publicó en un periódico local una nota diciendo que aceptaba “con resignación el camino que me ha deparado el destino” y que si Dios la había puesto en él, debía seguirlo.

Laura Zúñiga, con el título de Nuestra Belleza Sinaloa 2008, fue detenida por la policía de Jalisco (noroeste) junto con siete hombres presuntos miembros del cártel de Juárez, un caso que inspiró la película “Miss Bala” (2011).

El año pasado Juliana Sossa, modelo colombiana y quien participó en el certamen de belleza de Antioquia 2008, fue detenida con José Jorge Balderas, un narcotraficante que un año antes hirió gravemente al futbolista paraguayo Salvador Cabañas. Tiempo después ella fue liberada.

AFP

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Venezuela ha capturado a 94 jefes de bandas criminales internacionales en los últimos 6 años

El ministro de Interior y Justicia, Néstor Reverol, comentó este jueves que con la detención de Juan Carlos Peña Silva ya son 94 jefes de organizaciones criminales dedicadas al tráfico internacional de droga que se han capturado el Gobierno de Venezuela.

“En estos últimos 6 años se ha demostrado con hechos la labor del Gobierno que dirige el comandante (presidente Hugo Chávez), con la captura de 94 jefe de organizaciones criminales dedicadas al tráfico internacional de droga”, comentó al ser entrevistado por Venezolana de Televisión.

Efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y de la Oficina Nacional Antidroga (ONA) capturaron este jueves a Peña Silva, de 26 años de edad y de nacionalidad colombiana, en el estado Nueva Esparta.

Comentó que el trabajo de las autoridades venezolanas seguirá sin descanso. “Siguen desplegados grupos de inteligencia, oficiales de la GNB en la frontera, para no permitir que la industria transnacional de la droga tenga sus operaciones en nuestro país”, ratificó Reverol.

El pasado 14 de noviembre fueron deportados a Colombia tres ciudadanos solicitados por las autoridades de ese país, vinculados con el tráfico ilícito de drogas, entre quienes destaca la figura de Daniel Barrera, alias El Loco Barrera, uno de los narcotraficantes más buscados del mundo.

Coordinación con Colombia

Comentó que la captura de Juan Carlos Peña Silva, cabecilla de una banda del narcotráfico internacional, se realizó en coordinación con las autoridades colombianas.

“Tras realizar labores de inteligencia, vigilancia y seguimiento, en coordinación con autoridades colombianas se logró la captura de este peligroso narcotraficante solicitado por Interpol a través de difusión roja por autoridades de Estados Unidos y Colombia”, informó Néstor Reverol, ministro de Interior y Justicia, durante un contacto informativo con Venezolana de Televisión (VTV).

Agregó que Peña Silva es responsable de enviar grandes cantidades de cocaína desde Colombia a Estados Unidos.

El ciudadano colombiano se encuentra en la ciudad de Caracas, para, en coordinación con autoridades colombianas, ser deportado al vecino país.

 

AVN

Santos agradece captura de alias “Mi Yerno” en Venezuela

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, le agradeció hoy a las autoridades venezolanas la captura en ese país del presunto narcotraficante Juan Carlos Peña Silva, solicitado en extradición por Estados Unidos.

Alias “Yerno”, del que Santos dijo que es el segundo hombre en importancia en la banda de narcotraficantes liderada por alias “Megateo”, fue capturado en la isla Margarita, de Venezuela.

Silva “fue capturado con información de nuestra Policía y en un trabajo conjunto con la colaboración, a quien quiero agradecer, de las autoridades venezolanas”, agregó Santos.

Indicó que “ese individuo esta pedido en extradición en Estados Unidos” y resaltó que “era la persona clave en todo el trafico” de drogas y armas que salían por el Caribe desde algunas regiones de Colombia.

“Estábamos detrás de él hace mucho tiempo”, sostuvo Santos. En Caracas, el ministro del Interior y Justicia de Venezuela, Néstor Reverol, dijo a través de su cuenta en Twitter que Peña, de 26 años, fue capturado en una residencia en la ciudad de Pampatar, en el estado Nueva Esparta, del que hace parte la isla de Margarita.

La cooperación entre Colombia y Venezuela ha permitido que en los en los últimos meses se capturen capos colombianos en el vecino país.

El 14 de noviembre, Venezuela deportó a Colombia a los ciudadanos de ese país Daniel Barrera, alias “El Loco Barrera”, y Jorge Milton Cifuentes Villa, “JJ” o “Jota”, así como al ciudadano estadounidense Eduardo Acosta Mejía, reclamados por narcotráfico.

 

UN

NARCOMULA: viaje a todo o nada

Foto Archivo

Sabrina Machado / panored@panodi.com

 Tres viajes al año, durante tres años, fue el promedio de Luis Alberto (nombre ficticio), quien, haciendo caso omiso a los riesgos, tomó su pasaporte con rumbo a Europa, para regresar a los pocos días con una cantidad considerable de euros, en efectivo. Suma que le permitía gozar de una vida más cómoda, de la que ya llevaba, en la zona de Bello Monte, sector clase media de la ciudad capital. Ni siquiera el hecho de caer preso en su primer viaje hizo que desistiera de estas incursiones. El hombre de 32 años estaba convencido que ser narcomula era “súper fácil”, dinero rápido, viajes al exterior y poco tiempo invertido. “Te vas el viernes y regresas el martes a continuar con tus actividades rutinarias y algo más de dinero”.
Desde hace un año dejó este nuevo “oficio” que ejerció desde el 2006. Al regresar de un viaje a España, con su socio, una comisión de la división contra Drogas del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalística lo esperaba en el aeropuerto internacional Simón Bolívar, de Maiquetía, en el estado Vargas.
Fue interrogado, revisado exhaustivamente, le practicaron radiografías, tanto a él como a su acompañante, pero no encontraron nada. La droga había sido evacuada dos días antes en España. Sin embargo, el procedimiento le indicó que las autoridades ya conocían de sus actividades y lo estaban vigilando. La posibilidad de volver a pisar una cárcel lo acobardó, y más una venezolana.
Luis Alberto encaja en el perfil promedio de los narcomulas venezolanos, que salen de los aeropuertos internacionales de Venezuela, cargados con una cierta cantidad de cocaína, sustancia que generalmente es la que más demanda tiene, aunque la mejor pagada en el mercado es la heroína.
Es un hombre clase media, de buenos padres, sin necesidades elementales que cubrir, casado, con un bebé de apenas nueve meses. Jamás ha trabajado en una actividad regular, ganando un salario de 15 y último. Tampoco tiene una profesión, pero vive en una muy buena casa, con un buen carro y moto de alta cilindrada. Sin embargo, desea más dinero.
La ventaja de Luis Alberto, en comparación con otros hombres, es que siempre ha viajado al exterior, tiene nacionalidad estadounidense, es decir, posee visa, y un pasaporte sellado innumerables veces por distintos servicios de migraciones. Tiene la experiencia para moverse sin temores en los terminales internacionales; además conoce de memoria la rutina de los chequeos y posee los contactos necesarios para tratar de salir bien librado en cada viaje.
Esta condición es casi que la demanda sine qua non para dedicarse a esta actividad ilegal, en vista de que la seguridad será el principal aval (entre comillas) para no ser ni siquiera percibido por algún funcionario aeroportuario y, evitar sometimientos a interrogatorios y evaluaciones físicas, única manera de determinar si la persona lleva en su organismo dediles.
El experto criminólogo Javier Gorriño admite que es difícil detectar a los narcomulas en los aeropuertos, por ello, ya algunas aerolíneas le han otorgado entrenamiento a su personal, especialmente a las aeromozas, para vigilar la actitud de los pasajeros, ya que es “extraño” que una persona no consuma ni siquiera agua durante un viaje, por más corto que sea, no es el comportamiento habitual del viajero.
“La única manera de detectarlos es por los rayos X y por algunas actitudes, como que no pueden tragar ni alimentos ni bebidas, no consumen nada, ni refresco y cuando lo abordan las aeromozas se ponen algo nerviosos. Generalmente viajan en pareja, para que la travesía parezca más corta, generen menos suspicacia y puedan manejar mejor los nervios”, explicó el experto.
Agregó que el narcomula promedio es un hombre joven —aunque también hay mujeres vinculadas con estas actividades— muchas veces estudiantes universitarios, que han viajado en otras oportunidades, y son captado sobre todo en locales nocturnos. Los sujetos les prometen dinero rápido, sin riesgo, y le pagan el viaje y la estadía. Para tranquilizar a los padres les indican que digan que ganaron un viaje al exterior con la universidad o con un concurso promocionado por alguna empresa.
“Lo lamentable es que muchas veces son jóvenes con futuros brillantes, que arriesgan sus vidas de manera innecesaria, ya que con solo explotar un dedil tienen garantizada la muerte, además del riesgo de la cárcel, esto sin contar que en muchas ocasiones son los propios narcos los que los entregan a las autoridades, porque no les conviene una relación duradera, para que no conozcan los pormenores del negocio”, acotó Gorriño.
Luis Alberto escogió para sus viajes uno de los destinos predilectos de los narcomulas latinoamericanos: España e Italia, aunque Holanda y Estados Unidos también tienen gran demanda, según explicó un funcionario de la policía científica, quien acotó que —en líneas generales— los narcos otorgan un 30% del valor real de la droga a las mulas, a pesar de que son ellos los que corren con todos los riesgos. “Algunos ni siquiera eso, los llevan engañados y después los abandonan en el país extranjero, a veces hasta sin pasaportes”.
La primera vez que Luis viajó al exterior, en calidad de narcomula, tenía 26 años. Conoció un contacto que lo convenció de la facilidad de la encomienda, le explicó cómo era el procedimiento y a quien debía sobornar en el aeropuerto para no tener ningún problema con las máquinas de rayos X.
Viajó un primero de mayo, en compañía de cuatro hombres y su esposa, quien se negó en varias oportunidades, pero al final se dejó convencer por el hombre. Él llevaba dentro de su organismo un kilo 100 gramos y ella 900 gramos. La droga sería vendida por cuatro veces su valor en el mercado nacional.
El destino era Italia. La pareja vendió —entre otras pertenencias— su vehículo Fiat Palio para cubrir los gastos de los pasajes, de los dos kilos de drogas, el soborno al funcionario y la estadía. Ellos no tendrían mayores intermediarios. En el país trasalpino los esperaba el comprador, quien se encargaría de pagar en efectivo. “Nada de transferencias, ni cheques”.
Salieron de Venezuela sin ningún inconveniente. El pago al funcionario aeroportuario garantizó que los rayos X perdieran su fiabilidad. Pasaron por los cuatro controles de Maiquetía sin problemas, ni sobresaltos. Todo parecía ser sumamente fácil.
Sin embargo, en Italia una de las personas del grupo se mostró nerviosa y todos fueron detenidos. Enseguida les ofrecieron de beber un refresco, invitación que fue rechazada por las seis personas. Once viajeros fueron interrogados y sometidos a radiografías. “Solo la cuarta vez que me la hicieron se vieron los dediles”, recuerda Luis Alberto, un hombre alto, de 1,88 metros, corpulento, de buen parecido.
En el país europeo estuvo ocho meses detenido. Siempre representado por un abogado público. Nunca recibió la visita de un familiar, solo mantuvo contacto telefónico con su hermano durante su estadía en la cárcel italiana. De su esposa conocía a través de cartas. Ella estaba recluida en otro penal. Su única compañía durante este tiempo fueron los cuatro hombres que viajaron con él.
Su único consuelo durante este tiempo fue que las cárceles europeas no guardan relación con las venezolanas. “Jamás se podrán comparar los niveles de violencia”. Además, el hecho de haber puesto en riesgo su propia vida al ingerir dediles contentivos de drogas les daba una consideración especial y estaban aparte de la población ordinaria. Sin dejar de tomar en cuenta que “nos tenían cierto respeto por ser venezolanos, ya que los demás presos sabían que aquí se matan todos los días con chuzos y armas en las cárceles”.
Salió a finales de diciembre, llegó a Venezuela sin haber sido sentenciado y aquí tampoco se prosiguió el proceso. Durante dos años estuvo dedicado a otras actividades ilícitas y fundó un gimnasio con varios socios. Comenzó a viajar recurrentemente a España para comprar mercancía para el local, al verlo fácil del proceso, decidió reincidir. Esta vez lo acompañaban los socios, su esposa no quiso volverse a exponer.
No le fue difícil retomar la rutina de las uvas, torontos, gelatinas y protectores estomacales. Asegura que con prepararse una semana antes basta para que el organismo se adapte a la presencia de los dediles. Nunca sintió temor porque una cápsula se reventara, ya que “tienes que buscar a un experto para que te los prepare. Yo siempre trabajé con el mismo, un sujeto de Coche (zona sur de Caracas), era un sádico”.
Sus viajes los realizaba ahora con uno o dos de sus socios, iban con droga y regresaban con productos metabólicos para el gimnasio. La empresa estaba registrada y tenía todos los documentos en regla, era capaz de pasar cualquier inspección. “No solo era mi negocio, sino la fachada perfecta para los viajes. Durante esos tres años no quise arriesgar mucho y viajaba cada tres o cuatro meses, no podía arriesgarme a volver a caer otra vez, ya tenía antecedentes en Italia”, asegura el hombre en modo de reflexión.
Al preguntarle si nunca tuvo miedo a morir, afirma: “Ése es el riesgo que se corre”. Por los momentos comparte con su esposa y su bebé, dedicado a actividades menos lucrativas, quizás más seguras en el país, pero la tentación siempre está latente. Los euros son un trofeo difícil de despreciar para hombres de pocas convicciones.